Por Pablo Salinas A inicios de 1936, Iósif Stalin está en la cima de la pirámide del poder soviético. Relegado a papeles secundarios dentro de la orgánica bolchevique, recién tras la muerte de Lenin, en 1924, la voracidad de su ambición personal se había empezado a revelar sin tapujos, activando un ascenso progresivo e incontenible. Convertido en jefe máximo, entre sus múltiples ocupaciones, en enero de ese año asiste dos veces a la ópera. Algo excepcional. Ni por formación ni por sensibilidad tiene especial cercanía con la música ni con las artes; sin embargo decide ir a sentarse al teatro por partida doble en tandas largas, de varias horas. Primero, el 17, asiste a una producción donde convergen dos jóvenes talentos soviéticos, compositor y escritor, música que se inspira en un libro que exalta el heroísmo del pueblo ruso. Jornada plácida, redonda, aprobación total. Luego, el 26, el panorama cambia . Se trata también del trabajo de un artista joven, que todavía no llega a los ...
A comienzos del año 2000 expuse mis pinturas en Londres. En rigor, se trató de una exposición individual de mis trabajos; no me acuerdo el número exacto pero habrán sido 12 a 15 cuadros, que llevé desde mi taller algarrobino para colgar en una sala en el subsuelo londinense, la sala habilitada para esos fines del Canning House , institución concentrada en la promoción de la cultura hispanoamericana en Inglaterra. El Canning House se ubicaba entonces en pleno Belgrave Square , muy señorial barrio, con alta concentración de impolutas embajadas. Cuando conocí el recinto, una mansión del siglo XIX con amplios salones de piso de mármol y refinados muebles, no me pareció, de hecho, el lugar más adecuado para montar una exposición de pinturas. Pero la sala estaba en el subsuelo, donde también, si mal no recuerdo, funcionaba la biblioteca. El espacio para las muestras artísticas era mucho menos empingorotado que la planta superior, más moderno, más cercano a un hall universitario que a l...