Por Pablo Salinas Con una prohibición de ingreso casi total durante los siglos de la Colonia, la llegada a suelo americano de súbditos de coronas distintas a la de Castilla tuvo que haber generado un impacto nada menor en las sociedades locales. La aparición de sujetos venidos de Inglaterra, Francia o algún reino centroeuropeo, cada vez más regular a medida que avanzaba el siglo XIX, hablando lenguas extrañas, con costumbres extrañas e incluso profesando la religión con extrañas variantes, debe haber sido percibida como un fenómeno de un exotismo potente, toda una rareza, quizá fascinante, quizá más bien digna de observarse con distancia y cautela. Todos estos factores se agudizan hacia los confines, en las regiones menos transitadas, con un régimen de flujo humano más bajo, menos intenso, de este nuevo mundo. Hacia 1820, a Valparaíso , puerto que goza de cierta prosperidad como estación obligada en la ruta comercial entre el Atlántico y el Pacífico, pero que es uno de esos pun...
Por Pablo Salinas A inicios de 1936, Iósif Stalin está en la cima de la pirámide del poder soviético. Relegado a papeles secundarios dentro de la orgánica bolchevique, recién tras la muerte de Lenin, en 1924, la voracidad de su ambición personal se había empezado a revelar sin tapujos, activando un ascenso progresivo e incontenible. Convertido en jefe máximo, entre sus múltiples ocupaciones, en enero de ese año asiste dos veces a la ópera. Algo excepcional. Ni por formación ni por sensibilidad tiene especial cercanía con la música ni con las artes; sin embargo decide ir a sentarse al teatro por partida doble en tandas largas, de varias horas. Primero, el 17, asiste a una producción donde convergen dos jóvenes talentos soviéticos, compositor y escritor, música que se inspira en un libro que exalta el heroísmo del pueblo ruso. Jornada plácida, redonda, aprobación total. Luego, el 26, el panorama cambia . Se trata también del trabajo de un artista joven, que todavía no llega a los ...