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Maximiano Errázuriz, el "avanzado"

 


Por Pablo Salinas

Dinámica que pulsa de forma regular, con alguna intermitencia, la del ajuste identitario nacional lleva casi necesariamente, casi por norma, a comentarios más o menos torpes, nada esclarecedores, menos inspiradores. Anclar la discusión a un concepto –que si Chile alcanza a ser un país o no, que si alcanza a ser una democracia o no, que si es más o menos conservador, y así- es un hábito propio de mentes moldeadas por la lata de la academia, pero que, siendo honestos, está condenado a reportar resultados pobres. Mucho más provechoso resulta definir el marco, ajustar el foco, en términos de “cultura”, es decir, de las huellas de las múltiples manifestaciones de nuestra naturaleza humana. Las etiquetas, la necesidad de encuadrar el análisis en base a etiquetas, a conceptos predefinidos, queda de lado. Y la cultura, hablando de Chile, nos entrega inequívocos rasgos, señas, tonalidades, que, en conjunto, arman esa matriz, ese perfil particular, la identidad propia de la tribu.

Un capítulo interesante de leer, de hace siglo y medio, segunda mitad del XIX. Maximiano Errázuriz Valdivieso, hijo de una familia de alcurnia venida a menos, se casa con una de las hijas del primer gran magnate de la minería chilena, José Tomás Urmeneta. El enlace le permite rápidamente amasar su propia fortuna, pero es de corta duración. Cinco años más tarde, enviuda. En 1871, se vuelve a casar y decide pasar la luna de miel en Europa, no solo con su nueva esposa, sino llevar también a sus cuatro hijos, de su primer matrimonio. Se acerca a los cuarenta. Su partido, el conservador, lo ha conectado con el servicio público, primero como parlamentario, tarea que cumple sin entusiasmo, luego como embajador en Bélgica, tarea que sí le despierta interés. Por eso ahora quiere volver a Europa; en lo personal para ensanchar sus conocimientos en bellas artes y consolidar su naciente inclinación por el coleccionismo, y, como padre, para poder brindarle a sus hijos una educación más rica, más completa, en contacto con los refinamientos de la cultura europea, como en Chile sería imposible entregarles.

Pero el anuncio de este viaje grupal a Europa genera alarma en el seno de su familia. La suya, como la de la mayoría de las del segmento dominante de la sociedad chilena, tiene fuertes conexiones con la religión. Hay monjas carmelitas, un par de hermanas, y un arzobispo, un tío. La idea del viaje asusta, espanta, se le cuestiona con vehemencia porque Europa, para todas esas personas, lejos de aportar luces o algún tipo de enriquecimiento intelectual o moral, es, muy por el contrario, la perdición, foco de toda clase de males y pecados. Una de sus nietas, Blanca Subercaseaux, en la biografía de su madre, describe y explica con elocuencia el asunto: “Europa, para espíritus conservadores de un país tan aislado como era Chile entonces, era una temible Babilonia de orgullo y de sensualismo.”

Las hermanas carmelitas se preocupan por las almas de los viajeros “que, dejando los umbrales del hogar cristiano, se aventuraban en medio de un océano donde triunfaban las pasiones y las máximas engañosas del mundo”, como también, a su hermano “avanzado”, le hacen presente “las lágrimas que les ha hecho derramar su resolución de llevar a los niños a unas tierras donde reina el indiferentismo religioso".

La estadía europea de Maximiano y su clan se prolongará por más de un año. Se hará retratar muy señorialmente junto a los suyos en su espléndida residencia parisina y, además, aprovechará de dar tiraje a su gusto por el coleccionismo, comprando muebles caros y pinturas antiguas.

Maximiano y los suyos, pintados en París por Maurice Blum


La condición de aislamiento de Chile, tan extrema a 1871 como la describe Blanca Subercaseaux, que empuja a que personas instruidas, como las de su propia familia, adopten formas tan peculiares de ver el mundo, hoy, un siglo y medio después, los avances tecnológicos, en transportes y comunicaciones principalmente, la han rebajado varios puntos. Pero en términos de geografía y ubicación territorial, los factores básicos del aislamiento, todo se mantiene intacto.

El caso de Maximiano Errázuriz, el “avanzado” Errázuriz, querámoslo o no, nos ayuda a entender cómo sigue funcionando este país, esta sociedad, esta gran tribu que se despliega por este singular territorio, encajonado entre el murallón de los Andes y la inmensidad del Pacífico.

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